
+15.000 top-tier remote devs

Payroll & Compliance

Backlog Management

El impacto de la inteligencia artificial en la industria publicitaria es innegable: su aplicación ya no se trata de una novedad, sino que es transversal. Los equipos están atravesados en su día a día por el empleo de la herramienta, lo que sumado a entornos signados por un contexto económico, social y cultural que impacta en los públicos objetivos de manera diversa y cambiante, genera desafíos que nos llevan a problematizar acerca de cuál es nuestro valor agregado, aquello que nos diferencia y que marca una ventaja competitiva que lleve a que nuestros clientes nos elijan.
De acuerdo a un estudio de la prestigiosa consultora McKinsey, en 2025 el 88% de las organizaciones ya utilizaba inteligencia artificial en alguna función del negocio, unos diez puntos más que el año anterior. La cifra impresiona, pero la letra chica del análisis arroja un dato que nos permite aproximarnos a los pormenores del fenómeno: apenas cerca del 5% de las empresas logra que esa tecnología impacte de manera real en sus resultados.
¿Dónde radica el desfasaje entre disponer y usar la tecnología y saber qué hacer con ella y cómo capitalizarla? Sin lugar a dudas, el diferencial sigue estando en el factor humano: el criterio, la expertise, la optimización, la comunicación y las habilidades blandas siguen siendo valores que vuelven únicos e irremplazables a cada integrante de los equipos.
En la industria publicitaria, según eMarketer cerca del 90% de la pauta display digital ya se compra de forma automatizada, pero la puja, la segmentación y el ajuste en tiempo real siguen siendo tareas que solo una persona capacitada puede resolver de manera eficiente.
En esa línea, citando al CEO de Platzi Freddy Vega, manejar IA se volvió tan elemental como saber usar Excel. La comparación incomoda por lo precisa, pero da cuenta de que aquello que domina cualquiera, por definición, ya no distingue a nadie.
Ahí está la trampa en la que cae buena parte del sector. Corremos a capacitar equipos en la plataforma del mes, a sumar la novedad, a presentarla como algo superador o clarificador. Pero subirnos al tren por miedo a quedar afuera hace perder el foco de lo importante, que es nutrirnos de los colaboradores, potenciar sus habilidades, capitalizar el valor agregado que su criterio puede otorgarnos.
En otras palabras, invertir un esfuerzo enorme en pretender mejorar cuestiones netamente operativas que la automatización ya hace sola no termina redundando en resultados concretos.
La evidencia es clara: lo verdaderamente escaso radica en el capital humano. El sistema tecnológico calcula, testea y corrige, pero no logra comprender por qué una campaña le importa al cliente, cómo afecta su negocio, qué promesa espera cumplirle a su audiencia, dónde asoma su próxima oportunidad. El entendimiento, la habilidad para leer el contexto, la capacidad de interpretar la intención que late detrás del dato sigue siendo un oficio humano.
No podemos negar que el uso de la IA multiplica el potencial de quien la utiliza, y a quienes lideramos equipos de trabajo nos interpela y obliga a preguntarnos cómo impacta en la gestión, de qué manera se reconfiguran las dinámicas laborales y en qué sentido esto se traduce en resultados concretos que redunden en un beneficio para las empresas.
En base a mi experiencia de varios años al frente de la estrategia publicitaria digital de una marca internacional, que opera en más de una decena de mercados regionales, considero que la preeminencia nunca se centró en qué tan rápido tocamos los botones, sino en cuánto comprendemos el negocio que hay detrás de cada acción, en qué estrategias generamos para optimizar cada campaña y en cómo evaluamos los resultados para generar nuevas propuestas.
En ese sentido, en un rubro donde ejecutar dejó de ser un mérito, el valor y la ventaja competitiva de los equipos en general, y de cada colaborador en particular, se mide por la calidad de sus preguntas, por su ingenio, su proactividad y sus habilidades blandas. El profesional que muestra un diferencial no es el que opera la tecnología con mayor destreza, sino el que mejor descifra lo que el cliente todavía no supo pedir, el que se anticipa y propone estrategias creativas y sabe comunicar con efectividad y entender el contexto.
La tecnología ya está: abundante, barata, disponible para todos. Lo raro, lo diferente, lo que ninguna suscripción entrega, es el discernimiento para saber qué exigirle. A la tecnología podemos entregarle la ejecución. Pero el entendimiento sigue siendo una cualidad y un capital meramente humanos.
La inteligencia artificial puede utilizarse para automatizar tareas, analizar grandes volúmenes de datos, optimizar campañas, personalizar experiencias y acelerar la generación de contenidos e insights.
La IA permite mejorar la velocidad de análisis y ejecución, automatizar procesos repetitivos y detectar patrones que pueden ayudar a optimizar campañas y tomar decisiones.
La IA puede automatizar parte de la ejecución, pero habilidades como interpretar el contexto, comprender el negocio, formular preguntas, desarrollar estrategias y comunicarse con clientes continúan dependiendo del criterio humano.
Porque los datos y las herramientas necesitan interpretación. Comprender las necesidades del cliente, el contexto de una marca y las oportunidades de negocio requiere experiencia, pensamiento crítico y capacidad estratégica.
A medida que la ejecución se automatiza, los equipos pueden concentrarse más en estrategia, creatividad, análisis, experimentación y toma de decisiones.
El pensamiento crítico, la creatividad, la comunicación, la comprensión del negocio, la capacidad de formular buenas preguntas y la interpretación de datos serán cada vez más relevantes.

+15.000 top-tier remote devs

Payroll & Compliance

Backlog Management