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Durante años, crecer en una compañía se parecía a subir una escalera: primero hacías el trabajo operativo, después lo supervisabas y, con el tiempo, llegabas a liderar. Armando reportes, haciendo seguimiento y coordinando equipos, uno iba entendiendo el negocio casi sin darse cuenta. Ese camino sigue existiendo y tiene valor. Pero la inteligencia artificial está sumando otro, y creo que es una muy buena noticia para el talento.
Hoy, con IA, llegamos a un nivel de detalle y profundidad en la información que antes no existía. Lo que antes llevaba días de armado, ahora está disponible en minutos. Eso cambia una pregunta clave: si ya no hace falta concentrar información ni producir reportes, ¿qué es lo que hace valioso a alguien dentro de un equipo?
La respuesta es el impacto. Alguien que quiere liderar ya no necesita esperar a tener un equipo a cargo o escalar de nivel. Puede tomar un problema real del negocio, resolverlo con IA y hacerse cargo del resultado. Eso enseña gestión de verdad, porque obliga a priorizar,exponer ante otros su solución y a responder por lo que se decidió.
En Calm lo vemos todos los días. Nos propusimos ser una compañía AI-first y armamos un squad interno de builders donde personas de distintas áreas y niveles lideran proyectos que cambian cómo trabajamos. Algunos de los proyectos con más impacto no vinieron de quienes tienen más experiencia, sino de quienes vieron un problema y decidieron resolverlo.
Eso también cambió lo que buscamos cuando sumamos a alguien al equipo. Miramos menos el dominio de una herramienta, que en seis meses puede quedar vieja, y más el pensamiento crítico, el criterio para decidir con información abundante y la curiosidad para experimentar. Buscamos personas que, frente a un problema, no se pregunten de quién es, sino cómo lo pueden resolver.
No es un cambio que ocurra solo. Estamos en una etapa de transición: armar herramientas y aprender a usarlas lleva tiempo, y no todos arrancan desde el mismo lugar. Por eso, el rol de las empresas es clave. Si le pedimos a la gente que decida más, tenemos que formarla para eso, medirla por impacto y no por actividad, y darle espacio real para actuar.
La IA no reemplaza el criterio; lo pone en el centro. Y le da a cada persona que quiere crecer una oportunidad que antes no tenía: demostrar lo que puede generar, sin esperar a que el organigrama se lo permita.

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