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Durante años, la gestión del talento respondió a cada salto tecnológico con recetas similares: armar cursos, dictar talleres y medir la tasa de finalización. La irrupción de la Inteligencia Artificial Generativa y Agéntica terminó de comprobar que ese mapa de ruta quedó obsoleto y que las transformaciones nunca se tratan solo de tecnología, sino que son transformaciones profundamente humanas.
Esto es porque existe una creencia arraigada de que la adopción es un problema de instrucción técnica. No lo es. La capacitación enseña a usar una herramienta; pero es el awareness cultural el que crea realidades, derriba mitos y habilita mundos posibles. En Naranja X —donde evolucionamos desde un garage de Córdoba en 1969 hasta consolidarnos como la segunda app financiera de la Argentina con más de 10 millones de clientes— aprendimos que el marco cultural que le damos a la tecnología es tan determinante como el desarrollo de habilidades.
¿Por qué? Porque cuando la comunicación no prepara el terreno, la velocidad del cambio genera parálisis en lugar de adopción. Lo vemos en nuestras encuestas pulso, donde identificamos una paradoja que atraviesa a toda la industria: conviven incluso en los mismos perfiles un altísimo entusiasmo por la productividad, con una profunda inseguridad sobre cómo demostrar valor en este nuevo escenario o con falta de claridad respecto del para qué se está impulsando el uso de nuevas herramientas. A este mapa se suma el doble desafío que tienen los líderes de equipo y mandos medios, quienes funcionan como la bisagra que absorbe la mayor carga mental y deben sostener la entrega de valor diaria mientras reaprenden y rediseñan su propio rol.
Para construir awareness cotidiano, derribar mitos, despejar la ansiedad operativa y ayudar a minimizar la fatiga cognitiva, en Naranja X desplegamos constantemente iniciativas abiertas como nuestros AI Fridays, Comunidades de Aprendizaje y espacios de visibilidad como los AI First Showcases, donde los equipos muestran casos reales de uso y aprenden de manera hands on y colaborativa. Pero, sobre todo, buscamos inculcar una metodología clara como el marco ESA (Eliminate >> Simplify >> Automate): primero probando valor y simplificando; para no automatizar grandes procesos que están mal pensados desde su origen.
Esta filosofía puesta en acción es la que transforma la forma en que trabajamos, y nuestro propio equipo de People es un gran ejemplo. En el último año analizamos más de 90 macroprocesos e identificamos que el 100% de ellos pueden ser intervenidos con IA. Empezamos por nuestra everyday experience: con el People Assistant, un asistente conversacional en lenguaje natural que permite a las personas realizar consultas y gestiones de su día a día, procesamos más de 50.000 consultas anuales con un tiempo de respuesta de 4,6 segundos y un 92% de satisfacción. Pero el dato clave no es la velocidad ni la eficiencia por sí sola: la verdadera victoria es que, al eliminar la fricción transaccional, la cultura y la tecnología le devolvieron al equipo el tiempo para sostener conversaciones humanas de alto valor e impacto real.
En un mercado donde las herramientas se democratizan y los stacks tecnológicos se homogeneizan, el diferencial estratégico estará en el para qué usamos la tecnología y cómo generamos un sentido compartido respecto de ese propósito hacia adentro de la organización. En ese sentido, la comunicación es una de las grandes fuerzas que permite a cada colaborador entender que la IA no viene a reemplazarlo, sino a liberar su capacidad estratégica y sus capacidades más humanas y elevar la entrega de valor a los clientes. Cuando una organización logra que las personas estén comprometidas con el propósito, pierdan el miedo y se animen a probar, la cultura se transforma en lo que siempre debe ser: el acelerador más potente del negocio.
La comunicación ayuda a explicar por qué se introduce una nueva tecnología, qué problemas busca resolver y cómo impactará en el trabajo de las personas. Esto puede reducir la incertidumbre y facilitar la adopción dentro de la organización.
La capacitación enseña a utilizar herramientas, pero la adopción también depende de que las personas entiendan para qué utilizar la IA, cómo puede aportar valor y qué lugar tendrá dentro de su trabajo cotidiano.
Pueden generar espacios de aprendizaje, mostrar casos reales de uso, comunicar claramente el propósito de la tecnología y permitir que los equipos experimenten con ella en situaciones concretas.
Los líderes y mandos medios ayudan a traducir la estrategia tecnológica al trabajo cotidiano. También acompañan a los equipos mientras cambian procesos, responsabilidades y formas de generar valor.
Es un enfoque que propone eliminar primero las tareas que no generan valor, simplificar los procesos necesarios y recién después automatizarlos. El objetivo es evitar automatizar procesos ineficientes.
Naranja X aplica Inteligencia Artificial para transformar la experiencia de sus casi 10 millones de clientes. A partir de su tecnología y de más de 40 años de historial financiero y datos de comportamiento, utiliza IA y modelos generativos en cuatro frentes: hiperpersonalización, desarrollo de producto, atención al cliente y automatización de procesos.
En People, por ejemplo, identificó oportunidades de aplicación de IA en más de 90 macroprocesos, con el objetivo de liberar a los equipos de tareas repetitivas y potenciar su aporte estratégico y humano.

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