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Me hicieron esta pregunta y realmente me preocupé . La IA generativa llegó con tal velocidad que no nos dejó margen para planificación. Y porque me ha tocado observar el costo humano de no adaptarse.
Llevo más de 30 años en el mundo corporativo. Desde el inicio sentí que mi objetivo era simple: mejorar la forma en que se hace lo que se hace. En mi primera asignación, a los 20 años, en un puesto junior en el Banco más grande del pais automaticé un par de procesos con lotus 123 y wordstar. ¿El resultado? Dos personas quedaron sin tarea. Recuerdo perfectamente el peso de ese reproche, pero ya era tarde, mi jefa estaba encantada.
Años después, en el área de Operaciones de una compañía de servicios, me tocó liderar el cambio frente a más de mil personas. Ahí me topé de frente con la resistencia al cambio en todas sus formas: explícita, silenciosa, consciente e inconsciente. Sindicatos, ausentismo, reuniones de clima laboral tenaces, excusas y explicaciones de todo tipo. Confieso que en su momento esa fricción me golpeó fuerte y drenó mi energía.
En aquel entonces, con una mentalidad profundamente estructurada, busqué refugio en los libros de psicología y filosofía. Me di cuenta de algo fundamental: mis conocimientos técnicos en finanzas y sistemas no alcanzaban para lograr los objetivos, y mucho menos para disfrutar el camino.
Entonces llegó el click. Aprendí a escuchar activamente, a entender y a aceptar —no necesariamente a adoptar— las distintas perspectivas, motivaciones y prioridades de cada persona. La realidad es dura pero clara: no todos quieren sumarse a una transformación. Hay quienes prefieren aferrarse a la rutina, lidiar con lo conocido y dosificar su energía. Y también hay miedo.
Ahí radica el verdadero dilema: ¿qué hacemos con quien no puede o no quiere?
Las herramientas tecnológicas aceleran los impactos, pero no convencen a las personas. A pesar de esto, muchas corporaciones siguen sin darle valor a la gestión del cambio (Change Management), y varios ejecutivos consideran prescindible abrir un workstream en sus agendas.
Mi experiencia me ha enseñado exactamente lo contrario: el impacto humano debe ser la prioridad. La eficiencia y efectividad de cualquier transformación es directamente proporcional a cómo se gestiona el cambio en las personas afectadas.
El impacto del cambio no se ve solo en métricas; se siente en los pasillos, en el ritmo de cumplimiento de los hitos y en la calidad de las decisiones que se toman sin perder tiempo en discusiones estériles, porque todo el equipo entiende el rumbo.
Para que una transformación funcione, debe socializarse. Si cada participante del ecosistema evoluciona en alguna medida, la transformación permea; de lo contrario, queda reservada para unos pocos y termina condenada al fracaso.
Lograr esta alineación no es algo inmediato pero se pueden hacer algunas cosas como:
1. Mapear a las personas: Identificar quiénes son los entusiastas, quiénes los detractores (activos o pasivos) y quiénes se mantienen en una posición neutral.
2. Diseñar estrategias: Crear un plan concreto para cada grupo. Hay que aceptar que tal vez no haya lugar para todos, pero definir eso a tiempo también es parte de una gestión madura.
3. Comunicación transparente y escucha activa: Exponer el propósito desde el día uno, abrir espacio a los cuestionamientos y medir objetivos con claridad.
Hoy en día, la inteligencia artificial nos da un gran impulso operacional. Nos permite generar contenidos de capacitación a medida, crear asistentes 24/7 para resolver dudas, estructurar manuales de procedimientos y diseñar evaluaciones en tiempo récord.
La IA generativa nos plantea una nueva escala para transformar las organizaciones, proponiendo escalones mucho más altos y cambios drásticos. Si bien todavía estamos viendo las primeras etapas en nuestra industria, el salto cuántico es inminente.
En resúmen, la pregunta que debemos respondernos los líderes, no es solo qué valor genera una disrupción, sino qué impacto tendrá en la vida y el trabajo de las personas. ¿Cuánto tendrán que modificar sus hábitos? ¿Cuántos lograrán adaptarse y cuántos quedarán frustrados en el camino?
Nuestro rol no es imponer el cambio, sino acompañarlo: moldear expectativas, ayudar a visualizar nuevas posibilidades y entender que cada persona atraviesa su propio proceso.
La nueva era impulsada por la inteligencia artificial no viene a eliminar al humano; viene a potenciarlo. La premisa hacia adelante es clara: AI First, pero siempre Human Always.
Es acompañar a las personas durante una transformación con IA, considerando su impacto en hábitos, tareas y formas de trabajar.
Por apego a lo conocido, incertidumbre o dificultad para adaptarse a nuevas formas de trabajo.
Identificando cómo se posicionan frente al cambio, comunicando el propósito y acompañando el proceso con escucha y capacitación.
A través del cumplimiento de hitos, la incorporación de nuevas prácticas y el nivel de alineación de los equipos.
Dar dirección, acompañar a las personas y gestionar el impacto humano de la transformación.

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