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Cuando empecé en la industria de fondos comunes de inversión hace más de 30 años, había 20 fondos y unos pocos cuotapartistas. Los bancos los distribuían a través de sus cientos de sucursales. En 2016 los clientes llegaron a un pico de 500.000. Hoy me emociona pensar que hay más de 23 millones de cuentas y más de 1.000 fondos como opciones para invertir.
Esos números no son solo una estadística de crecimiento: son la historia de un acceso que antes no existía. Desde el punto de vista social, esa democratización es un logro genuino, apasionante — más gente con herramientas para proteger sus ahorros y un marcado interés por entender más las finanzas personales. Pero para quienes trabajamos en finanzas, ese mismo proceso vino acompañado de una transformación profunda de nuestro rol.
La función financiera está dejando de ser el área que registra y explica lo que pasó, para convertirse en el área que anticipa, controla riesgos en tiempo real y ayuda a decidir. Antes manejábamos números y estados financieros. Ahora se le suman datos, tecnología, modelos, ciberseguridad, gobernanza. Esa es la tensión real con la que navegamos hoy.
En Argentina esa tensión tiene además su propio sabor: inflación estructural, marcos regulatorios que cambian, infraestructura de datos todavía fragmentada... Y sin embargo, en pagos digitales y en capilaridad de inversión —entre otras cosas— hicimos cosas notables. Las nuevas generaciones que se incorporan a las compañías traen también la expectativa de que el cambio es la norma, y eso acelera la transformación desde adentro.
Lo que viví en primera persona refleja un cambio de era para toda la función financiera. El CFO del futuro no será quien mejor explique el pasado. Será quien logre convertir datos, tecnología y control en mejores decisiones para el negocio. Por eso desde IAEF, una asociación civil que nuclea a financieros argentinos, en nuestro próximo evento de finanzas digitales vamos a abordar casos reales, hablar sobre las características de ese liderazgo y sobre el futuro que se nos viene, contando con la mirada de empresarios, reguladores y el sector académico. Esa combinación nos ayuda en esta reflexión y nos asegura una conversación rica, con más preguntas que respuestas, como corresponde cuando el cambio es permanente.
Las finanzas digitales integran tecnología, datos y nuevos canales para mejorar el acceso a servicios financieros, inversiones, créditos, seguros, pagos y herramientas de gestión. Su avance permite que más personas y empresas tomen decisiones financieras con mayor información y agilidad.
El acceso a las inversiones en Argentina pasó de estar concentrado en pocos fondos, alyc´s (casas de bolsa) y canales bancarios a abrirse a millones de cuentas, más opciones de inversión y nuevos hábitos financieros impulsados por la tecnología.
La democratización financiera es relevante porque permite que más personas accedan a herramientas para invertir, proteger sus ahorros y entender mejor sus finanzas personales. Esto amplía la participación de nuevos usuarios en el sistema financiero.
La función financiera dejó de enfocarse solo en registrar y explicar lo que pasó. Hoy también debe anticipar escenarios, controlar riesgos en tiempo real, interpretar datos y acompañar mejores decisiones de negocio.
El liderazgo financiero enfrenta el desafío de integrar datos, tecnología, modelos, ciberseguridad, gobernanza y regulación en contextos cada vez más cambiantes. Además, debe transformar esa información en decisiones estratégicas.
El CFO del futuro deberá convertir datos, tecnología y control en mejores decisiones para el negocio. Su rol será menos retrospectivo y más estratégico, con foco en anticipación, gestión de riesgos y creación de valor.

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